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Genio de la música con autismo

Cuando Antonio se viste de traje y corbata y se sube a un escenario se transforma tocando su contrabajo. Las dificultades que tiene para comunicarse a través de la palabra con otras personas desaparecen y se expresa a través de la música. “Es su vida, donde disfruta realmente. Cuando las personas que asisten a los conciertos lo ven tocando, no aprecian su discapacidad”, afirma Antonio Belmonte, padre de Antonio Belmonte hijo.

A sus 19 años, Antonio ha conseguido lo que nunca antes una persona con autismo y una gran discapacidad había logrado en España, obtener el título oficial en Grado Profesional de Música, en su caso en la especialidad de contrabajo.

10 años de formación en el Conservatorio Tomás de Torrejón y Velasco de Albacete. 4 años de estudios elementales y 6 profesionales, sobreponiéndose a las muchas dificultades y limitaciones que genera el autismo. “Él ha ido superando todos los problemas que se ha encontrado en el camino. Para acceder al Grado Profesional superó con facilidad la prueba práctica, pero en la teórica es donde él tiene problemas y después de mucho luchar conseguimos que se la adaptaran y pudiera hacer el examen y aprobarlo”, explica el padre.

Oído absoluto

Antonio tiene enormes dificultades para hablar y mantener una conversación con otra persona, incluso a sus 19 años no sale de casa si no es acompañado. Pero tiene una rara cualidad que le hace especial, es lo que se conoce como ‘oído absoluto’ o perfecto.

Un don del que gozaban genios de la música como Mozart, Bach o Freddy Mercury, y que les permite identificar y reproducir notas musicales sin equivocarse y sin referencias, en diferentes instrumentos. “Él escucha una canción en la radio y coge una hoja en blanco y escribe una partitura con las notas de cada uno de los instrumentos que suenan“, asegura.

Fue su padre el que descubrió esa cualidad en Antonio cuando tenía tan solo 4 años. “Estaba trasteando con unas guitarras mías y tocando las clavijas. Yo me enfadé con él porque creía que me las había desafinado pero estaban bien. Entonces las desafiné adrede, se la dí y la volvió a dejar afinada a la perfección. Él afina los instrumentos con los hertzios clavados, escucha las frecuencias en el aire como nosotros vemos los colores. Tiene un frecuenciómetro eléctrico en su cerebro”, cuenta su padre.

De hecho, Antonio se encarga de afinar y hacer la prueba de sonido de todos los instrumentos de su grupo, Alhambra Albacete, antes de cada concierto.

En este tiempo, Antonio ha ofrecido más de 100 conciertos benéficos y de concienciación en toda España con su grupo y con diferentes orquestas sinfónicas. “Él tiene reconocida una alta discapacidad y cuenta con numerosos problemas para desenvolverse en la vida diaria, pero las 2 o 3 horas de concierto las hace sin ninguna dificultad. Ha tocado con orquestas profesionales y los directores han alabado su capacidad”, explica su padre.

Conciertos que suele dar con su contrabajo, aunque este joven es capaz de tocar una docena de instrumentos, como la guitarra, el violín o el piano. “Él toca muy bien varios instrumentos y además hizo el curso de afinador de pianos. Es una labor muy compleja, pero se pone un par de horas con un piano y lo deja perfectamente afinado”, asegura Antonio.

Un nuevo obstáculo que superar

La formación de Antonio como músico profesional todavía no ha terminado. Sin embargo, las limitaciones que sufre por el autismo vuelven a levantar un muro en su camino. “Para acceder al Conservatorio Superior es un requisito tener el Bachillerato, pero para Antonio es imposible, hizo la ESO y con mucho esfuerzo. Él no se puede poner a hacer un examen de Historia o de Matemáticas a ese nivel por sus limitaciones”, explica su padre.

Por ese motivo, están intentando, como ya ocurrió cuando logró entrar en el ciclo de formación profesional, que adapten las pruebas teóricas y los requisitos de acceso a su caso y al de otros que puedan darse en el futuro. “Antonio, nosotros y la asociación a la que pertenecemos estamos abriendo un camino en este aspecto, porque no hay ningún antecedente como el suyo“, señala Antonio Belmonte.

Conseguir este último paso sería decisivo para el futuro de Antonio como músico profesional, aunque ya ha compuesto sus propias creaciones como bandas sonoras para cortometrajes. “Es la única ventana que tiene para ganarse la vida. Para entrar en la orquesta municipal de Albacete tiene que tener el título profesional y sacar una oposición, aunque ya ha tocado con ellos en varias ocasiones”, recuerda Antonio, muy orgulloso con todo lo que ha logrado su hijo. “Su caso es muy importante para visibilizar el autismo y concienciar a la sociedad. Además, se ha convertido en un ejemplo y una esperanza para otras familias que tienen hijos con autismo“.

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